Concurrido, visitado, lejano
2015–2016

La serie






















Escenas nocturnas











Proceso de montaje
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Lecturas y archivo
Podría pensarse que la característica —si no enteramente distintiva, al menos particular de este momento— del Rudolph Castro que hoy expone su obra más reciente es la extraterritorialidad. Esto concierne no solo a la variedad de localizaciones geográficas de sus motivos, sino también a la ausencia de signos manifiestos de identidad sociológica, de afinidades excesivas con rasgos regionales o filiaciones geográficas demasiado evidentes. Es como si el nomadismo implícito en su elección, según él mismo reconoce, de escenas y escenarios de Lima, Santiago y Buenos Aires no tuviera que ver solo con sus desplazamientos físicos como artista, sino también con la transitoriedad, la provisionalidad y el extrañamiento de su mirada: la adopción de un punto de vista en parte distante, en parte incómodo, sesgado y oblicuo, desde el cual esbozar los rasgos básicos, concisos y exteriores de personas, acciones y situaciones.
Sin embargo, esta supresión de todo detalle de fisonomía o vestimenta, esta indeterminación de los datos pertinentes para cualquier indicio claro de identificación, junto con una suerte de aislamiento artificial que Castro impone a sus descripciones arquitectónicas y a sus figuras, produce la fuerte impresión de que una intemperie compartida disuelve la singularidad de sus personajes. Los convierte en prototipos o, en todo caso, en actores sumisos de papeles mecanizados, clasificados por el uso social e inscritos como cifras en la matemática anónima de la ciudad. Así, incidentes y construcciones apenas esbozados luchan por respirar en el blanco cargado del papel, como bajo la luz implacable de un laboratorio antropológico: una nada que ha borrado toda referencia contextual para imponer la evidencia de un destino de unanimidad sin singularidad ni historia. Es como si el protagonista, el habitante de lugares particulares, fuera apenas una imitación de un molde pompeyano, un fantasma caprichoso de manierismo prosaico situado casi incorpóreamente en el mundo.
Existe también la equivalente oscuridad abisal de cielos pétreos e impenetrables que caen como telones fatales detrás de la precisa perspectiva angular con la que el artista disuelve cualquier posible pintoresquismo de una esquina urbana, mediante un recorte arquitectónico arbitrario, un encuadre descentrado y una vista en contrapicado. Con un dibujo sensible, poderoso, dinámico y de gran solidez estructural, Castro parece alejarse tanto de la precisión documental como de la expresividad autosuficiente, para concentrarse en una especie de neutralidad dramática universal. Incluso los lugares, actitudes e individuos que parecen formalmente tan diferentes resultan esencialmente idénticos. Es como si las hipótesis y manifestaciones abiertamente políticas que teñían su obra inmediatamente anterior hubieran llegado a un agotamiento terminal en su explicitud comprometida, dando paso ahora a una letanía distante, a un distanciamiento templado que busca una clave abarcadora donde otros solo ven una localidad incidental.
Buenos Aires, agosto de 2015 · Traducción de la versión en inglés Texto original ↗
Detalles del proyecto
- Medio
- Serie de dibujos
- Disciplina
- Arte
- Presentación
- Galería Enlace, Lima, 2015
- Texto
- Eduardo Stupia

